• 20 de octubre de 2020
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Yayoi Kusama, la genial artista que conquistó al mundo desde un neuropsiquiátrico

La japonesa fue una pionera de los happenings en la Nueva York de los ’60 y hasta Warhol se “inspiró” en su trabajo, pero no fue reconocida por su género y origen. Regresó a su país, intentó suicidarse y se internó voluntariamente en una clínica psiquiátrica. Crítica del mercado del arte, el reconocimiento internacional recién le llegó en los ’90

Yayoi Kusama (Nagano, 1929) enfrentó desde pequeña los estragos de la Segunda Guerra latían fuerte todavía en la isla del sol naciente cuando vino al mundo, y sus padres -uno mujeriego, la otra, manipuladora- no veían con buenos ojos esa obsesión pictórica de la pequeña Yayoi por dibujar aquí y allá. Fue una niña inquieta, extraña, y ya desde sus primeros años las alucinaciones se convulsionaban con pensamientos suicidas.

Kusama veía el mundo en patrones. Las formas se le quedaban adheridas en las retinas y no importaba hacia donde mirase, allí estaban. También era testigo del lenguaje de la naturaleza, las flores, como en una película de Disney, hablaban un idioma secreto que solo ella comprendía. Solo una vez se animó a contarle a su madre que la naturaleza hablaba, tras la paliza recibida, no lo hizo más.

Kusama vivió en la casi total ignorancia del mundo del arte por décadas. Los utilizó para crear, para escribir poesía, sin importarle un ápice lo que sucedía tras los muros; el arte era todo, lo demás, ruido.

Así llegó 1993, cuando le ofrecieron representar a su país en la Bienal de Venecia. Y así, aquel espacio desde donde criticó la estructura del mundo del arte, fue el que la regresó al spot light y la convirtió en la artista viva más cara del mundo. A partir de allí, los museos del mundo abrieron su puertas hambrientos de albergar las obras de esa japonesa que, visto en el tiempo, debió haber sido más importante que Warhol.
Fuente: Infobae